Que pasaría si…

Por fin había finalizar el último curso de la carrera y solo me quedaba esperar la apreciación del proyecto, que sería dentro de unos meses. Ya tenía por delante un aglomeración de espacio, pellizco de dinero y muchas ganas de liarla. El problema era que estaba desprovisto planes y no me apetecía hacer nada solo.

Por suerte, mi gran amiga Irene, con quien llevaba un edad compartiendo empedrado, tenía la solución a mis problemas. Se iba a ir con unas amigas a pasar 20 días a un piso en la costa y me propuso ir con ellas porque así salía más barato por mujer.

No sabía ni quién iba a ir, pero acepté porque no tenía ningún plan mejor y porque Irene es mi mejor amiga y constantemente me lo paso bien con ella. Irene y yo perpetuamente hemos estados asaz unidos, desde pequeños, y si bien a veces me he sentido atraído, la aseveración es que jamás ha pasado nada serio a través de nosotros. Alguno escarceo tonto de vez en en el tiempo que y exiguo más. Ella es más bien baja, de cuerpo redondo, muy guapa de cara y con un culo que es la parte de su fisiología que más me gusta.

En los días previos a irnos, ya me informé mejor de dónde íbamos cabalmente, quiénes éramos, qué plan había, etc. Incluso aproveché para comprarme ropa de litoral, crema protectora, gafas de sol, etc. Me apetecía un acervo salir de la ciudad y pasar terceto semanitas carente hacer nulidad en la costa. Solo dormir, comer, beber, tomar el sol, procurar echar un polvo y beber más.

Cuando llegó el fecha, cogimos el equipaje y fuimos a buscar a Laura en el coche de Irene. Nosotros trío iríamos en un vehículo y ahí nos encontraríamos con el resto de la expedición.

Laura es una chica un poco exclusivo. A mí me cae excesivo bien, pero suele ser proporcionado extremo con todo el mundo. No es que lo haga con crueldad, en el fondo es excesivo buena chica, pero perpetuamente te poda al hablar y contesta de forma mucho seca. Físicamente no es gran entidad. Es cura y demasiado delgada, no tiene curvas por ningún sitio y de cara no es mucho agraciada no.

El excursión duró tres horas, que pasamos escuchando Cds, cantando, riendo y aguantando que las dos se metieran conmigo. No sé qué pasa conmigo, que la gente tiende a bromear siempre conmigo.

Cuando llegamos, tardamos un buen tris en dar con el estudio, que al consumación no estaba tan “a primera línea de mar” tal nos habían prometido, sino a unos buenos quince minutos andando de la litoral.

El estudio era más o menos extenso y tenía una habitación grande con una catre de matrimonio, una habitación más pequeña con dos camas separadas y dos sofás camas en el comedor. En uno de ellos iba a dormir yo. Igualmente tenía un carente de terracita que daba a la alberca comunitaria, cocina equipada y dos cuartos de ablución con aspersión, uno de los cuales en la habitación con la piltra de matrimonio.

Nos aposentamos y fuimos a hacer la operación, porque el resto del grupo llegaría más tarde.

Mientras volvíamos del súper, Julia llamó y le indicamos el camino hacia el alojamiento, así que cuando llegamos con la obtención actualmente nos estaban esperando. Acabamos de ordenarlo todo y aposentarnos y ahora estábamos oficialmente instalados. Eran por poco las siete de la tarde, pero aún hacía bastante sol, así que nos animamos a ponernos los bañadores y bajar a la pileta un santiamén.

En la estanque, me sentía tal el dueño de mi harén extraño. Irene, que ya os he reseñado, con un bikini verde conveniente normalito. Laura, con un bikini que le quedaba un carente grande, sobre todo por arriba, porque tenía un tórax muy apretado. Mireia, de altura media, un corto gordita, con unas tetas sobrado grandes. Marta, la más atractiva del grupo, llevaba un bikini que realzaba su cuerpo escultural. Era admisión, esbelta, con un pecho bien equipado, unas piernas largas y hoy un carente bronceadas, un vientre que se nota un poco, pero solo un poquito, y un culo que es una obra de arte. Y, definitivamente, Julia, la madre pequeña de Marta, que es muy parecida a su novicia, pero un carente más bajita y menos exhuberante.Estuvimos un par de horas en la piscina, cenamos en casa y luego fuimos a explorar la zona en búsqueda de bares y zona de marcha, pero nos recogimos pronto y a las tres hoy estábamos durmiendo.

Al día siguiente, Julia y yo fuimos los primeros en despertarnos. El hecho de dormir en los sofás litera del exposición influyó asaz en eso. Yo iba solo con el pantalón del pijama y ella con el pijama entero, que consistía en camiseta poda y pantalón minúsculo. Se podía adivinar a sesgo de la indumentaria que llevaba calzón, pero no sostén.

Ya que estábamos los dos despiertos, me puse a hacer café y preparamos poco para alimentarse. Durante el desayuno, Julia me regaló alguno que tercero momento breve en el que se agachaba lo suficiente para que pudiera verle las tetas por el cogote de la camiseta.

Poco a escaso se fueron despertando las demás y se iban sumando al desayuno. Todas iban más o menos igual. Hoy afuera pijama propiamente dicho o camiseta y panal, todas iban harto frescas, luciendo piernas y con las tetas libres. Todas menos Mireia y Marta, que se notaba que llevaban sostén.

Yo – Vamos a ir a la margen, no? Voy a ponerme el tanga mientras desayunáis.

Irene – Evidentemente, evidentemente. Desayunamos, nos ponemos los bikinis y vamos a la costa.

Fui a coger mis cosas y me cambié en el baño, no exento primitivamente hacerme una buena paja para bajar la calentura que tenía encima. Cuando salí, las chicas estaban charlando muy animadamente. A veces inclusive parecía que discutieran, pero no, se las veía de buen rollo.

Julia – Que a él seguro que le da igual, y yo lo tengo claro, que son mis primeras vacaciones así carente mis padres.

Marta – Ya, Juli, pero no pendiente nadie ver qué pensamos las demás, no?

Irene – Yo creo que estamos todas de acuerdo, no? Si Mire no quiere no pasa ausencia, cada una que haga lo que quiera y ya está.

Mireia – Claro, por mí no os preocupéis, haced lo que queráis, no me importa, de afirmación.

Yo – ¿De qué habláis, chicas?

Irene – Joder, Jon, ¿vas a alojarse todas las asueto diciendo “chicas” al desenlace de cada frase o qué?

Yo – Si quieres digo chicos, eh.

Laura – No digas ausencia mejor, anda. Vaya lo que has tardado en cambiarte, eh, a saber que hacías ahí encerrado tanto tiempo.

Julia – Dejad al joven en calma, pobre. No les hagas asunto, Jon. ¿Cogemos agua o poco, no?

Marta – Evidentemente, ahora puse yo antes en la fresquera para tenerla fría actualmente. De comer y eso actualmente compramos por cerca, bono?

Llegamos a la costa y me dio un carente de bajón. A mí continuamente me ha gustado la orilla, supongo que porque me toque remotamente y la he pisado pocas veces, pero me agobia mucho en el momento que está a rebosar de gente y, cómo no, ese era el lance. Nos costó harto encontrar un lugar indefinidamente tapia del linfa en el que cupiéramos todos, pero lo logramos. Veíamos al resto de gente superpreparada con sombrillas, tumbonas, neveras portátiles… Y nosotros solo teníamos nuestras toallas y dos botellas de linfa fría.

Estiramos las toallas, nos fuimos quitando la ajuar y saqué la crema para irme dando. Soy asaz blanco de piel y si no me pongo crema de factor cincuenta en seguida me quemo. Mientras me daba crema, veía a mis amigas en sus bikinis, todas preciosas, y me quedaba medio atontado con la escena. Le pedí a Irene que me diera crema por la espalda en el momento que pudiera, entidad que aceptó como siempre.

Me estaba fijando en las chicas cuando Julia se giró de espaldas a mí y pude ver que llevaba un bikini de tanga. Por poco se me para el corazón de la impresión, qué gajo de culo. También, se agachó para coger la faltriquera y cambiarla de sitio y pude ver ese precioso culito en derroche cuchillo por una pequeña correa de tela. Desconecté de la conversación porque quería sentir el masaje de mi amiga del alma y porque tampoco me apetecía escucharlas. Estuvo cinco o diez minutos trabajándome la espalda, que es proporcionado grande debido a mi capacidad, y me pidió el sustitución.

Cuando me levanté para darle el masaje a Irene, me llevé la segunda admiración agraciado del data. Julia se había quitado la parte de arriba del bikini y estaba tomando el sol boca arriba, dejando sus preciosas tetitas blancas al sol. Marta y Mireia se habían desabrochado el bikini, pero estaban de espaldas. Laura estaba boca arriba, pero con el bikini entero, e Irene, se acaba de tumbar boca debajo para que le diera masaje y se quitó además lo de arriba, dejando ver sus tetas fugazmente.

De las cinco, a las únicas que había visto en topless primeramente eran Irene (varias veces) y Marta (dos veces). De repente me imaginé que ese verano podría ser mucho mejor de lo que pensaba en un principio y se me puso enteramente dura.

No sé si Irene notó poco en el momento que me senté en su culo para darle el masaje, pero no dijo ausencia. Estuve un buen momento poniendo crema y masajeando la espalda de mi amiga mientras iba echando miradas al pecho de Julita. Además de por lo buena que está, me daba mucho morbo ver lo blancas que tenía las tetas. ¿Sería esa la primera vez que hacía topless?

Yo – Hoy está.

Irene – ¿Yaaaaaaa?

Yo – Te quejarás, he estado un buen momento.

Irene – Pero es que lo haces tan bien…

Julia – Carencia, ausencia, me cofia a mí. Venga, Jon, mi renovación.

Y a continuación de decir eso, se dio la vuelta y a la gloriosa de vista esos dos pechos que parecían peritas dulces la sustituyó la vista además agraciado de ese culo completo, que parecía obra de alguno retratista de comic amoroso. Por si eso fuera corto, lo consecuente que hice fue sentarme además de ese culo para masajear la espalda de esa pequeña divinidad de la delicadeza.

Le eché crema y empecé a expandirla dando un masaje y no tardó mucho en soltar los primeros gemiditos. Eso me pone cardíaco depravado. Marta se giró a ver qué hacía su hermanita y le quedó el bikini mal puesto, de modo que tenía una mama tapada y la otra al aire.

Marta – Cuida bien a mi madre, eh, que es joven y virgen.

Julia – Jajaja. Joven efectivamente, virginal hoy no sé, jajajaja.

Marta – Jajajaja, ¡serás guarra!

Julia – Habló.

Marta – Oye, que yo soy muy casta, eh.

Irene – Ya, yaaaaaa.

Mireia – Jajaja, cómo sois.

Marta se giró boca arriba y se quitó del todo la parte de arriba, así que actualmente tenía las impresionantes de Marta a escasos metros de mí y el jugoso culo de su hermanita abajo de mi cuerpo.

Marta – Yo además quiero masaje, eh.

Mireia – Eh, yo se lo pedí primitivamente.

Marta – Las que hacemos topless tenemos preferencia, a que evidentemente, Jon, que te gusta vernos las tetas.

Julia – Pues las que llevamos tanga más momento de masaje, entonces, es lo justo.

Jon – A mí no me metáis en vuestras movidas, yo le hago masaje a quien me lo pida.

Laura – A mí no hace falta, gracias.

Mireia – Pues el resto tocamos a más.

Marta – Venga, Jon, deja actualmente a mi hermana, que nos ponemos celosas.

Mireia – Eso, va, que me cofia a mí.

Julia – Y una mierda, que aún no ha terminado. ¿A que no, Jon?

Jon – Un carente más y paso a Mireia.

Marta – ¿Y a mí qué?

Jon – Tú luego.

Mireia – Eso, que lo de las tetas te lo has inventado tú. Irene no hace topless y ha sido la primera.

Irene – ¿Cómo que no? – Y se puso boca arriba incluso, actualmente eran tres las que me deleitaban con su pecho descubierto, y solo era el primer fecha.

Mireia – Estáis compinchadas, así no juego.

Jon – No les hagas acontecimiento, Mire, ahorita te cofia a ti.

Y tras decir eso, con todo el angustia de mi corazón, desmonté del culo de la preciosa Julia y lo cambié por el de Mireia. Me sabe mal decirlo, pero el momento que estuve masajeando a Mireia, estaba pensando hoy en mi continuador objetivo, Marta.

Eso no quiere decir que no me esmerara y que no le diera un masaje lo mejor que sé a Mireia, pero tenía a la vista el cuerpo de Marta, esperando por mí, boca arriba, con las piernas largas, su monte de Escultural tapado por la tela del bikini, su medio, su pecho coronado por dos pezones redondos y pellizco chafados y una areola algo pequeña. Al lado estaba Julia, su madre, de espaldas, pero además atrayente. Sus pies, sus piernas, su culo cubierto por un simple tanga, su espalda perfecta que hacía unos minutos había estado masajeando. Ulteriormente estaba Laura, que se veía extremadamente delgada en comparación, pero aún y así me resultaba codiciable y luego Irene, mi amiga del alma, con su cuerpo más lleno y sus pechos con forma de pera y pezones anchos con una corona estilo pasta María.

Ya llevaba un periquete masajeando a Mireia en el tiempo que Marta se dio la vuelta, se bajó un disminuido la braguita del bikini, dejando ver un disminuido de línea formidablemente más blanca que el resto, y con una artículo forzadamente sensual me dijo:

Marta – ¿Aún no me tocas a mí?

Jon – Efectivamente, ya te cofia a ti, pesada.

Marta – ¿Pesada? Si lo haces de mala apetencia no hace falta.

Jon – Lo hago encantado, mujer.

Me coloqué sobre Marta y empecé a darle un masaje. Al igual que su hermana, no tardó en dar gemiditos, aunque los suyos eran un poco forzados. Julia se giró, saludándome con su pecho blanquito, y se metió un poco con su hermana igual que le había hecho ella antes.

Julia – Chicas, me muero de calor, ¿quién se viene al agua?

Mireia – Yo dentro de un rato, que tras el masaje me he quedo traspuesta.

Laura – Yo voy.

Irene – Yo también.

Antes de irse, Laura se quitó también el sujetador del bikini, pero lo hizo estando yo medio de espaldas, así que no llegué a verla bien guapa
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