No lo pude asegurar

Todo lo que sé, esta aquí.

No lo puedo asegurar pero aquello duro unos quince minutos, que a mi se me pasaron volando, me encontraba cumplidamente empalmado, la pene me dolía aprisionada dentro los calzones, estaré aquejado, no me explico a modo puedo llegar a disfrutar tanto estas situaciones y también, ejerciendo tan dignamente el papel de macho manejable, creo no tener ningún complejo, a mis treinta y seis años, físicamente me considero proporcionado agraciado.

No volvieron a colocar el bastidor en su sitio, por lo que se vistió a la vista de todos, mientras lo hacia ellos le explicaban que estaban seguros casi al ciento por ciento, que las manchas se las había producido los anticonceptivos, que dejara de tomarlas y en exiguo espacio desaparecerán, de todas forma en dos días pasaros por mi dictamen a ultima oportunidad para ver tanto ha evolucionado, yo pensaba este hijo buscona quiere darle ajeno repaso, no se lo tengo en cuenta yo en su lugar haría lo mismo, nos despedimos dándoles las muchas gracias y quedando en pasarnos pasado porvenir por su informe, subimos al despacho de mi cuñada a saludarla, las deje charlando y me fui al servicio hacerme un pajote, el calenton que solitaria no me dejaba parar.

Mi cuñada me despidió con dos besos y una sonrisa picarona que no supe entender, ella parecía haberse quedado mas tranquila aun así no dejaba de mirarse de vez en en el momento que, la porvenir primeramente de volver a pasarnos por la clínica, la mejora si la había era prácticamente inapreciable, a la una estábamos en la puerta de la clínica advertimos al enfermero de nuestra presencia, en menos de diez minutos nos hicieron pasar.

Que ambientazo había en la consulta, deduzco que debían ser médicos en practica tres hombres dos mujeres aparte del enfermero y el medico, que felicidad me entro en el cuerpo solo de pensar que todos estos iban a ver a mi mujer en pelotas, como así sucedió minutos posteriormente de los saludos y preguntas de rigor, paso tras del bastidor y se desvistió, ni pregunto, dio por hecho que la iban a revisar en cueros, a si que se planto en medio de la dictamen, tan solo con los pendientes puestos.

La bonanza deuda ser muy parecido a lo que yo sentía en ese momento, ver la cara de aquellos jovenzuelos a los que seguro las hormonas incluso seguían haciéndoles estragos, el mas alto y con cara de pajillero al verla no pudo evitar poner cara de conmoción y los ojos tanto platos, que goce, ella en medio el medico revisándola y los demás de pie rodeándola de  porno  falto quitarle la vista de sobre, y atendiendo a las explicaciones, yo estaba sentado adjunto a la mesa deseando que aquello no acabase nunca, fue una pena que no la mandase a tumbarse en la parihuelas, me habría encantado que todos le hubiesen visto mucho mas nítidamente la almejota tan rica que tiene.

Después de ataviar le comento que no se preocupase lo mas mínimo, la mejora ha sido leve pero existe, como máximo en terna días te habrán desaparecido por completo, le dimos la muchas gracias y nos despedimos, anteriormente de irnos nos dijo que lo solitaria a su disposición para cualquier ente que necesites, yo estaba deseando llegar a casa solitaria unas ganas tremendas de follarmela.

Pensareis que esto acaba aquende por consiguiente no, lo mejor estaba por llegar, a la hebdómada mas o menos no llama mi suegra, en definitiva era para que fuésemos a comer el vacación a su casa, llegamos sobre las once, nos comento que incluso venia mi cuñada y que nos iba a dar una estupefacción, jugarreta una hora mas o menos llamaron al timbre, les abrí yo, cumplido con dos besos a mi cuñada y me lento mirando a su adlátere, este tío lo conozco yo pero de que, no era capaz de situarlo hasta que mi cuñada me lo presento y a cabo con todas mis dudas, joder pero si es el ginecólogo de mi mujer, que cojones hace este tío junto.

Nos estuvieron explicando que llevaban un espacio tonteando ausencia serio, inclusive que se han decido a dar el paso y se van a casar, a mi las piernas me temblaban era una sensación extraña de morbo y de malhumor, que el tío que le ha visto a mi mujer hace corto mas de una semana partes del cuerpo que ni yo le he visto pase a ser mi hermano político para tiene un morbo tremendo, conociendo a mi mujer no creo que lo cambie por distinto, esta mucho contenta con el, así es que dentro de seis meses le volverá a dar otro repaso, y yo si puedo lo veré y disfrutare

PD Basado en hechos reales, tan solo un poco adornado, para desear hacerlo mas divertido. Tal todos los sábados, el alba en el que ocurrió todo esto yo había ido con mis amigos a jugar un partido de juego sala a la pista del centro de mi extrarradio, en el cual se celebra un pequeño enfrentamiento de aficionados a través de complejo equipos. Nuestro equipo, Los bizcos, era de los peores, pero por lo menos nos lo pasábamos bien. Ese jornada no nos iba tan mal: el partido porno estaba a punto de terminar y solo perdíamos por siete a 5. Bien que hoy era imposible remontar, cuando los demás apenas se movían esperando el abucheo final, yo corría a modo un loco para robar el balón y marcar tercero gol. Ese alba estaba básicamente contento porque había metido cuatro de los cinco goles de mi equipo. No es para presumir, pero soy uno de los mejores jugadores de la contienda a pesar del caos de equipo en el que juego. Con esos cuatro goles hoy era el pichichi, pero quería alargar la diferencia relatividad al segundo en la tabla de goleadores. De modo que, ulteriormente de una pérdida de balón por parte de mi equipo, viendo que el resto de mis compañeros estaban mal posicionados, corrí hacia atrás persiguiendo al futbolista que llevaba la pelota por el carril zurdo. En el momento que el jugador contrario estaba prácticamente a la altura del guardián a punto de disparar a portón, me lancé con todas mis fuerzas para estorbar el balón, con tan mala suerte que también de llevarme la pelota me golpeé en la entrepierna con el poste con parecido violencia que puedo jurar que vi las estrellas. En ese momento acabó el partido para mí. Por orgullo, intenté que mientras estaba en el banquillo no se me notara el congoja, pero me dolían tanto los testículos que no podía incorporarme cumplidamente. El camino de vuelta a casa fue un suplicio, pero por suerte vivo a un par de calles del instituto y el viaje no se me hizo asaz largo. Al llegar a casa en semejante estado, mi madre, alarmada, me preguntó que qué me había pasado, por lo que tuve que contárselo. Ella insistió en llevarme al médico en coche, a lo que me negué decisivamente. Sólo pensando en la vergüenza que pasaría siendo examinado acá bajo por un médico, se me subían los colores. Mi madre me pidió, por lo menos, que le dejara ver tanto tenía la bragadura, pero aún me negué más rotundamente si junto a. Ahora tenía dieciocho años y habían pasado muchos años desde la última vez que mi madre me vio desnudo. Y no sólo mi madre, tampoco ninguna chica, porque aún no había tenido ninguna novia. Me eché en el canapé del aula y encendí el televisor para a ver si dejando de pensar en ello se me pasaba el angustia. De vez en en el momento que mi madre se pasaba por el feria para interesarse por mi estado. Pero, pese a mis esfuerzos por tranquilizarla, mi cara debía de indicarle todo lo contrario, puesto que al cabo de una hora de echarme en el sofá, cuando actualmente me encontraba perfectamente, sonó el timbre de la portón. Por las voces que me llegaban del salón de casa pude adivinar que se trataba de mi tía Julia. El alba empeoraba por momentos: mi madre había llamado a su monja, que es porno médica, para que me echara un vistazo.

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—Gracias por venir Julia. Siento haberte molestado, pero es que estaba bastante preocupada.

—Tranquila —dijo mi tía—. Estaba en el centro especulativo con mi hija. Queríamos comprarnos prenda y zapatos para la nupcias de mi cuñada. Pero podemos ir esta tarde.

—Como ahora te he poco por teléfono —continuó mi madre—, David se ha dado un buen golpe en el envoltorio al chocar contra el poste de la portería. No ha querido que lo llevara al médico ni me ha dejado mirárselo a ver qué parecido lo tiene.

—No te preocupes —la tranquilizó mi tía—. Seguro que no es nada. ¿Y dónde está el cojo?

—¡Ay justificación! Pasa, pasa. Está en el diván. No se ha movido de allí desde que ha llegado.

Cuando las vi entrar me quedé de mineral. No sólo había venido mi tía sino asimismo mi prima Carolina. No pocas pajas me he hecho yo pensando en ella. Si bien es algo altiva y bastante pija, es una perfección un año mayor que yo. Tal tenemos prácticamente la misma edad y por lo unidas que están mi madre y mi tía, Carolina y yo hemos pasado mucho duración juntos. De siempre, mis padres y los de mi indemnización han transferir simultáneamente un estudio en la Costa Brava para pasar la ocio. De hecho, yo aún veraneo allende con ellos, aun desde hace un par de años Carolina ya no viene con nosotros y pasa las asueto en Barcelona con sus amigos. Es una chica bastante madura para su edad, y sus padres eternamente han confiado absolutamente en ella, y ella no les ha dado ninguna disculpa para maliciar. Si no externamente por los aires que se da, sería la chica ideal: atractiva, capaz, etc. Mientras mucho espacio estuve amado de ella en secreto. Exento retención, ella, a pesar de nuestra escasa diferencia de edad, nunca ha dejado de lombriz a modo a un niñato exento personalidad. porno Pese a ello, inclusive no hace mucho, continuamente se había mostrado simpática conmigo, pero externamente una simpatía poco condescendiente. Pero hace un par de años todo cambió. Exento motivo aparente, empezó a mostrarse más distante y arcén y las pocas veces en que hemos coincidido durante este ciclo no me ha dirigido la palabra. Como continuamente, ese data llegó vestida con una minifalda, un top ajustadísimo y unos zapatos de tacón y, tal continuamente, entró en el salón con sus aires de suficiencia falto prestar atención a ninguna otra cosa que no exteriormente su último modelo de smartphone. Viendo que la entidad se ponía fea, no pude evitar mirar a mi madre con cara de súplica mientras que, instintivamente, me agarraba con fuerza los greguescos tanto si me exteriormente la vida en ello. Yo estaba sentado en el turca del aula. Aún iba atuendo con el equipo de futbolista: la camiseta, los greguescos cortos y las zapatillas deportivas. Las tres estaban de pie frente al sofá con actitud atento. Incluso mi gratificación había dejado de prestarle atención al smartphone que aún llevaba en la mano. La expresión de su cara denotaba que disfrutaba con la situación: tenía una sonrisa de satisfacción dibujada en los labios, tal de por medio divertida y curiosa.

—¡Obedece, David! —dijo mi madre mientras me apuntaba a la cara amenazadoramente con el clasificación de la mano derecha—. Y no me montes una escena, que hoy me conozco tus rabietas.

El tono enojado de su dicción no dejaba lugar a dudas. Ahora se lo había audición otras veces, incluso en las discusiones con mi padre, y sólo significaba una entidad: la discusión había acabado y se haría lo que ella decía. A modo ya lo tenía todo depravado, intenté que, por lo menos, mi indemnización no estuviera presente. Así que la miré insistentemente para hacer notar su presencia a mi madre y a mi tía. Extrañada, mi tía dirigió la mirada a mi objeto de atención, percatándose entonces de la incomodidad que me provocaba la presencia de Carolina.

—Carmen, creo que lo que le estaba preocupando todo el tris a tu hijo es que Carolina le pueda ver el abucheo —le advirtió tía Julia, algo sorprendida.

—No, mujer, ¿cómo va a ser eso? —replicó mi madre—. Si mi hijo sabe perfectamente que su indemnización ha empezado este año la carrera de medicina y va a ser médica tanto sus padres. Lo que pasa es que las dos sois mujeres y él es mucho vergonzoso para estas cosas. Si el médico que lo visitara externamente un hombre hoy en día mismo no tendría este corajina. Pero tal antiguamente no ha estimado que lo llevara en vagón al sanatorio ya se aguanta.

—Pero David, cariño —me dijo mi tía, con artículo afable—, si para mi ver un bálano es lo más habitual del mundo. He visto cientos en mi clínica. Y, pero no lo recuerdes, aun te vi el tuyo muchas veces, en el momento que sólo eras un renacuajo. Te he trastocado tantas veces los pañales que ni me pacto.

Mientras mi tía me hablaba no me atrevía a levantar la cabeza. No podía dejar de mirar al suelo.

—Mira, tu madre insiste en que te examine, y creo que es porno lo más bueno, pero ¿te sentirías más cómodo si no estuviera presente tu indemnización? —me preguntó, de forma conciliadora, mi tía.

—Sí —respondí yo, con un hilillo de artículo y con la vista clavada en el suelo.

—Bueno, creo que habría sido una buena experiencia para Carolina poder observar de primera mano como se hace una auscultación radiactividad, pero si tanto le incomoda al chico su presencia, puedo pedirle a la chica que salga un momento mientras lo examino —dijo resignadamente mi tía.

—De ninguna manera, Julia. ¡Estaríamos buenos! Con el favor que nos estáis haciendo, ¡sólo faltaría que mi única sobrina, hija de médicos y una estudiante brillante, tuviera que dejar pasar la oportunidad de aplicarse de su madre! ¡No me lo perdonaría nunca! —sentenció mi madre, que había escuchado en silencio el discusión que habíamos mantenido mi tía y yo, pero que ya no podía contener más su enfado.

Tras este disquisición levanté brevemente la cabeza para fijarme en mi madre y vi de reojo a Carolina, que, visiblemente satisfecha, me miraba henchida de orgullo y con una amplia risita glorioso en la boca. Entonces miré a mi madre y, a modo último recurso, le imploré:

—Por beneficio, mamá, Carolina no…

—!Ya puntada! —me cortó mi madre, dejándome con la palabra en la boca—. ¿Me has audición, David? ¡Ya hilván! No les hagas perder más el edad a tu tía y a tu prima porno. Así que hoy puedes ir bajándote los calzones, y ¡arreando!

Las circunstancias me sobrepasaron y no pude evitar que me brotaran lágrimas de los ojos, lo que hacía aún más abyecto mi situación. Me las enjugué con la mano mientras escuchaba, de nuevo con la cabeza gacha, tal mi madre me abroncaba una vez más.

—¡Lo que me faltaba! ¿En serio te vas a poner a llorar, con la edad que tienes? ¿Es que aún no me has avergonzado lo suficiente?

—Tranquila, Carmen —terció mi tía—. Creo que lo mejor es que Carolina espere externamente. No pasa carencia.

—Sí que pasa, Julia, sin duda que pasa —insistió mi madre sin retroceder ni un ápice en su determinación—. Pasa que este proceder suyo hoy está empezando a cansarme. Pasa que actualmente llevamos un buen periquete con este chisme y todas tenemos cosas mejores que hacer que asistir a la perra de un chico grosero y descastado que está haciendo perder el espacio a su tía y a su gratificación en lugar de agradecerles que pierdan una porvenir de sábado visitándole. Y este chico va a desnudarse hoy mismo delante de Carolina a modo me llamo Carmen Hernández Carmona. Porque si insiste en desafiarme soy capaz de ir entrada por abertura para traer a casa a todas las vecinas de este edificio y que vean a David como Altísimo lo trajo al mundo. Así que Carolina se toque junto. Dime, Julia: ¿Cómo prefieres que se coloque David? ¿Echado en el sofá o de pie? reaccionar, agarró a la vez la talle de los zaragüelles y la de los slip y, con un solo movimiento, me los bajó inclusive los tobillos. Luego se agachó y, haciéndome levantar primero un pie y posteriormente el otro, me los quitó. No quedándose contenta con esto, me levantó la camiseta hasta las axilas y, obligándome a levantar los brazos, asimismo me la sacó.

De esta forma quedé íntegramente expuesto a la mirada de las tres.

—Deja todo esto en aquella butaca de la arista, por ayuda, Carolina —le pidió mi madre a mi indemnización, entregándole mis prendas de ropaje.

Tal era mi vergüenza que noté tanto el pavo me quemaba las mejillas, lo que, como símbolo visible de mi recato mancillado, no hacía más que redundar en mi humillación. Si en ese punto creí que la situación no podía ser más bochornosa para mí, me empecé a decepcionar justo en el momento en el que Carolina regresó.

—Mirad, hoy le ha vuelto el color a la cara —dijo Carolina, con guasa.

Tras este exégesis perverso, mi madre y mi tía no pudieron reprimir una gran risa, a la que se sumó movimiento seguido mi gratificación. Otra vez volvieron a humedecérseme los ojos. Me los froté prontamente, pero no pude evitar que una gota me resbalara por la mejilla.

—Oh, venga, David, no seas tontito. Sólo ha sido una candonga —me dijo mi madre irreflexivamente. El aclaración de su sobrina había servido para mejorarle el humor.

—Venga, bromista, ponte a mi lado, que te voy a enseñar cómo se hace la búsqueda mecánica de los sexo masculinos externos —le dijo tía Julia a su hija porno.

Mi tía y mi gratificación se sentaron en el canapé frente a mí para tener mis genésico a la altura de sus ojos. Mi madre se puso a su lado, aunque quedándose de pie.

—Tras un primer vistazo general, lo primero que hay que hacer es examinar el bozo púbico y la piel de la zona buscando irritaciones, heridas o liendres —empezó mi tía, mientras que con los anular me iba apartando el vello—. Recuerda que perpetuamente, precedentemente que nada, hay que hacer la historia clínica del manso, sin olvidarse de preguntar por su expediente carnal. —Dirigiéndose a mí, me preguntó—: ¿Has tenido relaciones sexuales, David?

—No —respondí, de forma por poco inaudible y exento poder mirarla a la cara. A lo máximo que me atrevía era a mirar sus manos mientras me exploraba los partes.

—Me refiero no sólo al coito. Relaciones sexuales en general. Me entiendes, ¿no, David? —insistió, tía Julia.

—Bueno… a veces… me masturbo —confesé avergonzado.

Mi tía y Carolina soltaron una risa al voluntario, de la cual no participó mi madre, que, de disimuladamente, pude ver a modo me miraba, contrariada, mientras movía la cabeza de lado a lado reprobadoramente.

—Eso es más averiguación de la que necesitaba saber —consiguió definitivamente decir, mi tía, detrás librar de un acceso de tos—. No, perdona David. No me he explicado bien. Para este patrón de exploraciones carece de importancia que te masturbes o no. Me refería a si has practicado sexualidad enunciado o te lo han practicado, a si te has frotado los partes con los de otra mujer… Cosas de ese patrón.

—No… eso no —le respondí, más avergonzado que nunca.

Después de este episodio bochornoso, tía Julia continuó con la lección a su hija.

—A continuidad, debemos fijarnos en el pene del paciente…

—De chico no parecía que tuviera el miembro tan chiquitito —la interrumpió mi madre, con este ilustración en tono suave, más que nada para sin duda misma, pero que pudimos escuchar todos.

—Eso es porque entonces no tenía bozo. Ahorita tienes que apartarle el bozo para verle el miembro —explicó mi tía, pensando que mi madre se dirigía a ella.

En ese momento, sacando su vena más atroz, mi prima no desperdició la oportunidad de acostumbrarse su mayor afición: divertirse a margen de los demás. Aunque, para la mayor parte del mundo (incluidos sus padres y los míos), tenga la aire de una chica dulce y sensata, estos últimos años pude conocerla lo suficiente tanto para tener constancia de esa parte oscura de su personalidad que disfruta haciendo angustiarse a las personas que no gozan de su simpatía o que se muestran débiles. Porque si una ente desprecia esta chica perfeccionista que eternamente ha conseguido todo lo que se ha propuesto, es la debilidad. En el momento que la huele en los demás no puede aplacar su inclinación carnívoro. Y Carolina no podía derrochar la delicada situación en la que me encontraba para jugar conmigo, incrementando aún más mi humillación por el hecho de haber estado cariñoso de ella. La fiscalización de Carolina me cogió por confusión, inclusive semejante punto que, como un hecho reflejo, levanté brevemente la vista hacia ella, y pude cerciorarse que mientras formulaba la consulta, no estaba mirando a mi tía sino que me miraba a mí, y lo hacía desprovisto apenas poder reprimir la sonrisa. Mi madre y mi tía no debieron percatarse de ello porque tía Julia contestó porno con equilibrio.

—Con menos de roto u ocho centímetros en erección hoy podríamos considerarlo un micropene —apuntó didácticamente mi tía mientras me sujetaba el pene—. Por lo que estoy viendo, el miembro de David cargo de medir unos terceto centímetros y medio. Indudablemente es de los más chiquitos que he visto, pero hay que tener en cuenta que normalmente en la fase de excitación los más pequeños son asimismo los que proporcionalmente crecen más. Tendríamos que preguntarle al chico cuanto le mide enhiesto para enjuiciar una posible microfalosomía.

—David, ¿cuánto te mide en erección? —me preguntó Carolina, que no quería dejar pasar la ocasión de volverme a poner en un compromiso, por lo que no podía atreverse a que su madre no estimara oportuno formularme la pregunta—. Porque seguro que alguna vez te la has medido.

Yo no quería pasar por la humillación de tener que responderle a mi prima y con la mirada busqué apoyo, primero, en mi tía, que se mostró impávido y, ulteriormente, en mi madre, que me urgió a contestar la pregunta.

—Haz el favor, David, no te hagas el indolente y responde a lo que te han preguntado —me dijo mi madre, palmeándose un par de veces las manos con gesto de apremio.

—Casi nueve centímetros —reconocí, alicaído.

—¡Ay, pobrecito! ¡Pobre hijo mío! —exclamó mi madre, con preocupación.

—Tranquila mujer, no te alarmes. Ciertamente, sus ocho centímetros y pico están bastante por sub de la media, pero no deuda de preocuparse por eso —la informó su profesa, intentando tranquilizarla—: en términos médicos su falo es perfectamente eficaz.

—Tal vez en términos médicos, pero para lo demás… —se burló Carolina, hurgando en la herida.

Ella misma se sorprendió de su propio ilustración porque al momento de soltarlo empezó a reírse a risa limpia, contagiando inmediatamente a las demás. Por mediador porno vez en ese alba, las lágrimas me corrieron mejillas debajo, esta vez de forma excesivo.

—¡Ay, Carolina, qué ocurrencias tienes! Suerte que te tengo hoy inmediato para alegrarme un escaso el día después de tanto disgusto —le agradeció mi madre, cuando pudo recuperar el resoplido después de el ataque de risotada. Actualmente más calmada, mi madre se percató de mis lágrimas e intentó consolarme desprovisto mucha convicción—: Vamos, David, hijo, no llores, que actualmente has atención a tu tía, el problema no es tan grave.

Cuando conseguí dejar de llorar, mi tía consideró que ya era el momento de alargar con la auscultación física.

—Mira, fíjate, hija —le dijo tía Julia a Carolina mientras me sujetaba el bálano e iba efectuando todas las operaciones que relataba—. Lo primero que tienes que hacer cuando examinas el bálano, en el lance de que el paciente no esté circuncidado, es comprobar si el capullo se retrae con normalidad. De no ser así estaríamos ante un incidente de fimosis. El bálano pasivo presentar un aspecto rosado como el de David y no débito tener ningún ejemplo de lesión. Esta especie de papilas que ves en la aureola del bálano, se llaman pápulas perladas y son completamente normales. A veces por bajo del bálano puedes encontrarte que determinados pacientes tengan una sustancia blanquecina llamada esmegma, que es producto de la falta de higiene. Una vez terminada la inspección visual debes apretar un poco el glande para asegurarte de que no rezuma carencia por el meato evacuatorio, lo que no sería una buena señal. Incluso debes fijarte en el materialidad del meato. ¿Has visto que tiene el mismo color rosado que el resto del glande? Es tanto tiene que ser. Después hay que acariciar el tronco de bálano en búsqueda de calvario o masas. —Tras hacerlo ella misma, tía Julia animó a su hija a que lo intentara—: Venga, Carolina, hazlo tú.

No me lo podía creer. Ausencia más advertir la fin de mi tía alcé violentamente la cabeza en su dirección con el determinación de recriminarle su idea, pero por último no me atreví. No pude evitar echar un examen a mi prima, que en ese momento me estaba mirando. Su cara era la viva imagen del trofeo. No pude sostenerle la mirada y agaché la cabeza dócilmente, detrás lo cual procedió orgullosa a examinarme el miembro.

—Cógelo con los anular inventario y pulgar —le indicó diestramente su madre—. Palpa el tronco. Nota los dos cuerpos cavernosos en la parte dorsal del pene y, so, en la parte porno ventral, el cuerpo hueco, que recubre la uretra. ¿Los notas?

—Creo que evidentemente —respondió Carolina, entusiasmada.

Para mi bochorno, en ese momento noté a modo empezaba a tener una erección. Intenté centrar mis pensamientos en otra entidad. Pero eso sólo hacía que externamente más consciente de mi cercano erección, acelerando aún más el proceso. Cuando Carolina se dio cuenta, me soltó el glande tanto un resorte, con asco. Mi madre tiene razón, tía Carmen. Son cosas que pasan. No tiene mayor importancia —intervino por último mi plus, con la liberalidad del triunfador. Se podría pensar que se compadecía de mí, pero su expresión indicaba todo lo contrario. Detrás una primera reacción de asco, deprisa mudó su coraje presenciando entusiasmada a modo se resquebrajaban los últimos restos de mi hombría, con mi lloro y mi súplica de clemencia tal momentos culminantes.

—Carmen, escucha a tu sobrina. Ya ves que la chica no le da importancia —dijo mi tía, para finalizar con la discusión. Y con la empeño de despojarle toda la parte impresionable al incidente, quiso convidar una comentario fisiológica del mismo. Para ello, me apartó las manos y volvió a sujetarme el bálano, que actualmente había vuelto a su flojedad habitual, estado que ahora no abandonaría inclusive que pude recuperarme de esta experiencia traumática, muchos meses después—. Mirad, ahora le ha bajado la erección. ¿A que no había para tanto? Pero a lo que iba. Aquende se encuentran los cuerpos cavernosos —comentó, señalándolos con el clasificación de la mano diestra mientras me sujetaba el bálano por so con el pulgar y el indicativo izquierdos—. Cuando David se ha excitado de forma involuntaria, su cerebro ha mandado un mensaje a los nervios de su falo para que den la orden de llenar con sangre estos cuerpos, que son los responsables de la erección. Es así de natural. Y hoy en día, por fin, si actualmente estamos más calmados, acabemos de examinar al chico. Que el desamparado hoy cargo existir harto de nosotras. Nos quedan los testículos. Lo más importante en los casos de golpes en esa zona —dijo mi tía mientras me soltaba el verga y me sopesaba los testículos con ambas manos. Por el avaro tamaño de mi falo no hizo falta que me lo apartara para inspeccionarme los testículos, pues éstos colgaban casi un centímetro más bajo que aquél. Tía Julia continuó con su crítica mientras me examinaba—. Primitivamente de explorar los testículos debemos buscar nódulos, hinchazones, lesiones porno o erupciones en el envoltura testicular, la mochila que los contiene. Bien, todo correcto. Ahora sin duda que ahora podemos ir a los testículos. Son dos glándulas ovoides que, al tacto, deben tener un volumen y una consistencia semejantes. No deberían tener nódulos ni masas. No detecto nulidad anormal en ellos ni tampoco en el epidídimo ni en los cordones espermáticos. Mientras la palpación David no debería notar ningún dolor. ¿Te duele, cariño?

—No —contesté, con un hilo de artículo.

—Bueno, ya que por mi parte ahora hemos acabado —concluyó mi tía, pero, exento darme ciclo a alegrarme, añadió—: ¿Quieres probarlo tú, Carolina?

—Claro —afirmó mi gratificación, con determinación.

—Con el pulgar y los índice censo y medio palpa un testículo cada vez —la instruyó mi tía—. Deben moverse independientemente. Pálpalos suavemente porque son demasiado sensibles a la presión. Nota su cara lisa y su consistencia firme y algo elástica. En la parte detrás de cada testículo se encuentra el epidídimo, de en que sale el cuerda espermático. El cable espermático contiene arterias, venas, vasos y el conducto deferente. Todos estos elementos incluso deben moverse autónomamente. En ningún momento de la inspección deberías haber notado una masa, ni la palpación debería ser dolorosa. ¿Notas un canon duro y llano de unos dos o trío milímetros de grosor? Pues es el conducto deferente. Palpa toda su longitud. El cinta espermático se pierde adentro del barriga en el tiempo que entra en el canal inguinal a sesgo del círculo inguinal manifiesto. Mira —le mostró mi tía, mientras apartaba las manos de su hija y con su inventario me empujaba hacia arriba la porción superior del escroto inclusive invaginar el gordo en la parte inferior de mi pubis—, si introduces el corazón siguiendo el fleco espermático podrás llegar a notar el círculo inguinal. Podrías detectar una hernia si en el tiempo que haces toser al calmoso notas una masa que sale del canal inguinal. —Entonces mi tía me miró a la cara falto dejar de apretar con el índice y me pidió que tosiera, ente que hice—. Perfecto. Anda, hija compruébalo por ti misma —le dijo a Carolina, que apoyó su mano siniestra en mi cadera diestra y me introdujo el inventario derecho parecido tanto le había mostrado su madre—. ¿Lo notas, hija? —le preguntó, mi tía.

—Sí —respondió mi prima.

—Tose, David, cariño —me pidió mi tía y se dirigió a su hija—: ¿Ves tal no baja ninguna masa?

—Sí —le confirmó, Carolina.

—Eso es lo normal —le aclaró mi tía—. Actualmente puedes dejarlo, hija, que ahora hemos acabado. —Entonces se dirigió a mi madre y le dijo—: Puedes encontrarse tranquila, Carmen, David está perfectamente. Mientras la exploración no ha notado ningún daño y eso es una muy buena noticia. Sólo ha sido el aflicción del momento por el golpe. No hace falta ni que le des una aspirina.

—¡Qué alivio! —exclamó mi madre, soltando un suspiro—. En el momento que le vi cruzar la salida de casa con esa carita, el corazón me dio un rebote. ¡Cuánto te lo agradezco Julia! ¡Y a ti aun, Carolina! ¡A las dos!

—No hay de qué, Carmen —dijo mi tía—. Cuando me telefoneaste, alarmada, yo asimismo me preocupé. Pero, por suerte, no ha sido nulidad.

—Sí, tía Carmen, sólo ha sido un miedo —dijo Carolina, y en seguida me miró a la cara y añadió—: Y además, ha sido un Placer haber podido ser útil. —Y, volviéndose a dirigir a mi madre, añadió—: Si no te importa tía, me gustaría ir al afusión a lavarme las manos.

—Por supuesto, hija, claro que efectivamente, hoy conoces porno donde está —le respondió mi madre. Y cuando Carolina ahora se había ido, le dijo a mi tía—. Qué pupila tan dulce. Es un sol. No conoces la suerte que tenéis. Por cierto, ¿aún está con el chico ese tan majo? El que trabaja de instructor en el pabellón ¿Cómo se llamaba?

—Carlos —respondió, mi tía—. Evidentemente, hoy llevan seis meses juntos y se los ve muy felices. Tuve mis recelos cuando nos lo presentó, y mi marido no te digo. Ella con diecinueve, y él ocho años mayor… Pero ha resultado ser un chico encantador y muy trabajador. Ya vive casi en su casa. Pero es algo normal en estos tiempos. —Mi tía entonces se dirigió a mí y pasándome la mano por el hombro, me preguntó—: ¿Y tú qué, David, ya tienes novia?

Yo aún seguía desnudo, tapándome los genitales con las manos. No me atrevía a contrariar a mi madre interrumpiendo su conversación con tía Julia. Estaba deseando que acabaran de hablar o que me indicaran que me podía vestir, pero, por lo que parecía, después de tanto rato desnudo ya no reparaban en ello. En estas, vi a Carolina en el pasillo, regresando del baño. Cuando estaba entrando en el salón, se sorprendió de encontrarme aún desnudo y me sonrió. Yo bajé la cabeza.

—¿No respondes a tu tía? —oí que decía mi tía, sacándome de mis pensamientos.

—No, no tengo novia —reconocí.

—¿Y no hay ninguna chica del instituto que te guste? —insistió, mi tía. Pero me quedé callado—. Bueno, no voy a insistir más. Que ya veo que te da vergüenza hablar de esto.

—¡Ay! ¡Pero mira la hora que es! —exclamó mi madre—. Ya son las dos menos cuarto. ¿Qué vais a hacer ahora? ¿Queréis quedaros a comer? Pronto vendrá mi marido. Se alegrará de veros.

—No, gracias, Carmen. Vamos a volver al centro comercial. Hemos quedado con Alberto a las dos y media para ir a comer por ahí —se excusó tía Julia —. Y así de paso iremos después a comprar los vestidos. Aunque eso no le va a hacer mucha gracia a mi marido. No soporta ir de compras. Bueno, nosotras ya vamos a ir tirando. Pero antes yo también voy a ir lavarme las manos. Ojalá mi David externamente tan buen aprendiz tal tú —se quejó mi madre, mientras me ponía la mano en el hombro—. El año pasado repitió curso en el facultad y este año no veas lo que le declive. Y igualmente está todo el alba encerrado en su cuarto, que vete tú a saber que hace aquí.

—No te preocupes tía Carmen, es normal. Es un joven. Actualmente se le pasará —dijo mi prima, mirándome y riéndose de por medio dientes de mi afición masturbatoria, que se traslucía tácitamente del último comentario que había soltado mi madre.

—No sé, hija, no sé. Creo que es un asunto abandonado —se lamentaba mi madre—. No sé yo qué voy a hacer con él. Necesitaría a alguien responsable a su lado porno que le diera un empujón. Ojalá tu pudieras darle unas clases o algo.

La propuesta de mi madre me alarmó. Ni en la inferior de mis pesadillas hubiera soñado una tortura inferior que tener que admitir clases de esta semejante atroz y desalmada. ¿Cómo podría de ningún modo mirar a la cara a Carolina en seguida de todo lo que había pasado actualmente?

—Es embrollado, tía Carmen. La carrera me quita mucho espacio. Pero creo que podría encontrar un par de horas a la hebdómada… —empezó a decir Carolina.

—Te estaría excesivo agradecida —la interrumpió mi madre, agradecida.

—¿Y tú qué dices, David? —me preguntó mi prima, mientras me levantaba el mentón con la mano para mirarme directamente a los ojos. Tenía una risita de oreja a oreja dibujada en la cara. Sólo pude aguantarle la mirada un delegado. Luego tuve que bajar la vista. Tal aún me sujetaba el mentón en alto, los ojos se me fueron a su escote—. ¿Te gustaría que te diera clases?

—No… no sé —conseguí decir, apenado, en seguida de tragar saliva.

—Pero ¡habrase visto! —prorrumpió mi madre—. ¿Qué clase de resolución es esa? Tu prima te está haciendo un favor. Deberías mostrarte obligado. ¡Claro que aceptas! ¡Por supuesto que aceptas! —Viendo que llegaba mi tía, mi madre se calmó un corto y concluyó—: En fin, Carolina, no le hagas lance a tu primo, que ahora tiene el día tonto. Ya lo hablaremos mejor otro día, que actualmente tenéis que iros. —Y dirigiéndose a su madre, le dijo—: Bueno, Julia, gracias otra vez. Y defensa por la molestia.

—En absoluto, ahora conoces que no es ninguna molestia —le respondió, tía Julia—. Y perdona que no podamos quedarnos más, pero es que si no salimos ahora mismo vamos a llegar tarde.

—Vete tranquila, Julia. —la tranquilizó mi madre mientras me cogía por el brazo y tiraba de él para que exteriormente con ella a acompañarlas a la puerta—. Pasad, pasad. Id delante, que actualmente conocéis el camino.

Cuando llegamos a la cancela, tía Julia y mi gratificación se apartaron a un lado para que afuera mi madre la que la abriera. Las dos salieron al portal mientras que mi madre y yo nos quedamos en la cancela. Si en ese momento hubiese libidinoso algún vecino me habría visto atavío precisamente con las zapatillas deportivas y los calcetines. Por suerte eso no ocurrió. Mientras Carolina porno llamaba al ascensor, mi madre se despidió de su novicia con dos besos. Luego lo hizo de su sobrina. Aproveché que mi madre me había soltado el brazo para esconderme atrás de la entrada.

—Anda, David, no seas descortés. Despídete y da las gracias —me reprendió mi madre, al cerciorarse que actualmente no estaba a su lado.

—Adiós tía Julia, gracias por todo —dije atropelladamente, y le rocé apenas las mejillas con los labios.

—De carencia, cariño —agradeció mi tía.

—¡Ay, David! ¿Qué te pasa ahora? ¡Es que se te tiene que decir todo! Venga, hombre, despídete también de tu gratificación. Y apresúrate, que tienen impaciencia —me apremió mi madre, viendo mi poca afición a despedirme de ella.

—Adiós, Carolina, gracias —acerté a decir, ruborizado.

—De ausencia, primito —me respondió, mi gratificación, que, falto esperar a que la besara, se me adelantó y me plantó dos sonoros besos en las mejillas. Posteriormente me dio un par de palmaditas en la nalga y soltó—: Y cuídate.

—Adiós, familia —se despidió mi tía, que actualmente estaba sujetando la portón del ascensor esperando a su hija—. ¡Ah! Y David. La próxima vez que juegues al balompié, no seas tan bruto, ve con más cuidado.

—Por la cuenta que le trae —sentenció Carolina, burlonamente, mientras entraba en el montacargas.

Y las tres prorrumpieron en risas al acorde. Sus carcajadas retumbaron por todo el portal y aún me resuenan en la cabeza. Si en ese momento aún me quedaba algo de dignidad, se acababa de evaporar. Pero esa no sería la última humillación del data. La puntilla me la iba a dar mi madre, que, nulidad más cerrar la cancela, percatándose finalmente de mi desnudez, se le borró inmediatamente la risita de la boca y, a chillido en grito, me reprendió que mejor videos algunas escenas porno en videosgratis que otra cosa rara como estos videos:
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